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Sui kin kutsu



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Creo que mis recuerdos son musicales, al menos los que recuerdo. Desde escuchar un magazine de Luis Aguilé en el Fiat de la familia camino a Mar del Plata en verano o Chascomús un fin de semana, el primer vinilo, regalo de cumpleaños, un niño cantor chileno de voz finita canjeado luego por el Concierto de UNICEF con Chiquitita y Crees que soy sexy de un desenfrenado Rod Stewart, de ahí a un momento que que tengo muy presente, mi hermana hablando con una compañera de colegio sobre el regreso de Almendra y también sobre una canción prohibida, El oso de Moris, 1980 era y empezaba ese inexplicable gusto por el llamado rock nacional, reforzado por mi maestra de sexto que nos cantaba Serú Girán, me acuerdo que antes que salga Peperina ella la cantaba porque la conocía de los recitales, unos meses más tarde, pedí que me compren lo que fue mi primer cassette, Peperina que gastamos de escucharlo una y otra vez con mi primer gran amigo Kiri, figura importante en mi gusto musical, músico intuitivo y gran orejero que sacaba todo al instante y me lo pasaba aunque mi peaje auditivo nunca logró ser pagado. En su casa escuché por primera vez música fuerte en parlantes grandes, bandeja profesional, ecualizador todo japonés e impecable, con él comenzamos una sociedad de compra de vinilos y cassettes, Pedro y Pablo, Baglietto, el primero de Fito Paez en picture disc, Spinetta.
Durante el secundario tratamos de armar un dúo acústico pero por razones explicadas antes nunca pudimos salir a la luz, solo una vez lo acompañé en un acto del club japonés tocando Vuele bajo de Facundo Cabral, que tocaba de memoria sin escuchar para no perderme.
Tiempo después la música se puso más interesante aunque ya sin tantas anécdotas, Jorge Luis, otro amigo a partir de la música, nos conocimos por una fotos de Pescado Rabioso en mi carpeta en un pasillo educativo, escuchaste King Crimson me preguntó, ante mi negativa me invitó el sábado a su casa y ahí empieza otra historia, viajé a Japón y escuché todo lo que no se conseguía acá.
Más tarde Horacio fue mi amigo proveedor de rarezas junto al Instituto Goethe. Hacia los 30, dándole razón al dicho, el tango me encontró mejor parado y se quedó junto a un montón de música que sigo encontrando en vinilos muy baratos. Pareciera ser que tras tantas vueltas y ruidos encontré a Suma Paz, mucho más no hay para decir, nunca mejor puesto un nombre.





 
Texto. Guillermo Ueno
Sonido Sui kin kutsu. Grabado en el jardín del templo budista Taizoin en Myoshinji, Kyoto
Fotografía y podcast. Fernando Mariani